
Los chavales de entre 15 y 20 años reconocen que es un problema social grave pero lo asocian a parejas adultas.
Bilbao. Reconocen que se trata de un problema social grave, los rechazan explícitamente y no hacen distinciones entre los malos tratos físicos y los psicológicos. Pero no reconocen como maltrato que su pareja les diga cómo deben vestirse o comportarse, les controle el móvil o les amenace con abandonarles. Un estudio elaborado por el departamento de Sociología de la UPV entre universitarios bilbainos advierte de la urgencia de realizar un diagnóstico de la violencia de género entre los jóvenes. Los resultados no son para menos: no detectan la violencia de género en sus relaciones y la etiquetan con el clásico "les pasa a otros", relacionándola con las relaciones de pareja que tienen lugar en la vida adulta.
Dirigido por Mila Amurrio y encargado por el Área de Igualdad, Cooperación y Ciudadanía del Ayuntamiento de Bilbao, la investigación se ha realizado con jóvenes de entre 15 y 20 años de Institutos Públicos y Centros Concertados de Enseñanza Secundaria y Bachillerato, y la población universitaria del primer curso de todas las facultades de la UPV en Bilbao. En el estudio ha analizado cómo ven la violencia de género los jóvenes, y ha analizado la presencia de situaciones de maltrato en las relaciones afecto-sexuales.
Las conclusiones resultan, cuando menos, preocupantes: se han detectado comportamientos violentos en las relaciones de los jóvenes universitarios, sobre todo en el plano emocional y que suponen coacciones y limitaciones de su autonomía y libertad: cómo vestirse y comportarse, amenazas de abandono, agresividad en las relaciones sexuales... Aunque se trata de un porcentaje "minoritario", el estudio advierte de que se trata de un claro indicador de riesgo, teniendo en cuenta que ni siquiera las identifican como expresiones de maltrato y en ese momento la relación, generalmente, no va acompañada de una convivencia.
Para los jóvenes universitarios, "el maltrato admite diferente niveles de intensidad y, por consiguiente, de tolerancia", subrayan las autoras del estudio. Identifican claramente las situaciones de violencia o acoso explícitos, pero afloran las dudas cuando el daño se ejerce por omisión, de manera tácita, y el maltrato es psicológico. "Ese tramo intermedio de la escala compone el tipo de situaciones de riesgo para las y los jóvenes entrevistados ya que pueden ser comportamientos más tolerados en su desarrollo o padecimiento", destacan. Y, al contrario de lo que se podría esperar, apenas hay diferencias entre sexos y edad en cuanto a esa capacidad para identificar el maltrato, como tampoco otras variables como la ideología política o la religiosidad.
Las "incongruencias" entre el rechazo explícito de la violencia y la asunción implícita de actitudes que defienden el uso de la fuerza en las relaciones personales es una "constante" en el discurso de muchos jóvenes y adolescentes. "Aunque lo rechazan de manera explícita, ha quedado en evidencia que muchos de ellas y ellos tienen dificultades para identificar en qué consiste realmente el maltrato y cuáles son las fronteras estrictas que delimitan la conducta violencia de la que no lo es porque, entre otras cosas, se ha llegado a un elevado nivel de naturalización de la violencia y la agresividad en las relaciones cotidianas de jóvenes y adolescentes", advierte.
Otras conclusiones del estudio también llevan a pensar que aún quedad mucho camino por recorrer. Por ejemplo, casi todos los entrevistados coinciden en que se trata de un problema grave, que no es un fenómeno propio de las clases sociales más desfavorecidas o que en su manifestación psicológica no es menos grave que la física. Sin embargo, la mayoría también están convencidos de que se trata de un asunto privado y, sobre todo, de que es más frecuente en las parejas adultas, "dos estereotipos que encierran un riesgo evidente en la identificación del problema". Los resultados son diferentes según el sexo: mientras para las chicas es "un problema social relevante", los chicos creen que se ha exagerado el problema y critican que se "hable demasiado" de la muerte de las mujeres habiendo otros problemas sociales de mayor importancia.
El estudio también concluye que las razones por las que se producen estas situaciones se basan en que los jóvenes universitarias bilbainos han sido socializados "en un contexto cultural donde se reproducen las ideas y valores sobre el amor, los modelos amorosos y los modelos femeninos y masculinos de atractivo propios de las estructuras de dominación masculinas, ideas y valores que orientan sus relaciones afectivas y de pareja".
Con todo, las autoras advierten de que "los adolescentes vascos pueden tener aún mayores dificultades para identificar las situaciones de riesgo que pueden estar viviendo".
La familia reproduce los roles
El estudio también ha tenido en cuenta tres ámbitos de socialización de los jóvenes: la familia, la escuela y los medios de comunicación. Así como la escuela sí ha pretendido iniciar una nueva acción socializadora en cuanto a transmisión de nuevos valores -responsabilidad, igualdad entre hombres y mujeres, autonomía, afectividad y sexualidad entre adolescentes...- el ámbito familiar no aparece muy bien parado en el estudio: de hecho, concluye que aunque parece evolucionar hacia relaciones más igualitarias en cuanto a la división sexual del trabajo, no lo está haciendo en la transmisión de los valores asignados a los géneros en las estructuras simbólicas, sino que continúa reproduciendo los modelos construidos desde las estructuras de dominación masculina. Una evaluación similar reciben los medios de comunicación. Todas las conclusiones del trabajo elaborado por Mila Amurrio, Ane Larrinaga, Elisa Usategui y Ana Irene del Valle serán presentadas en la Jornada de Violencia de Género y Gente Joven que tendrá lugar a partir de las 11.30 horas en el salón de actos de la sede de Lan Ekintza, en Bilbao. >A. Atxutegi
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