
Un cachete, una bofetada, una colleja... Tener este tipo de comportamientos con un menor de edad es considerado desde el mes pasado como un delito. Algo que afecta directamente a la conducta de los padres en la educación.
SE dice que los niños vienen con un pan bajo el brazo, pero seguramente muchos padres preferirían que llegasen al mundo con un libro de instrucciones. Tener hijos conlleva una gran responsabilidad: su educación. Algo que requiere dedicación y sacrificio. Pero, ¿cómo les educamos? El Consejo de Ministros ya lo ha decidido. Según el nuevo artículo 154 del Código Civil, "los tutores ejercerán su cargo de acuerdo con la personalidad de los pupilos respetando su integridad física y psicológica", lo que viene a significar un adiós rotundo al cachete.
Pegar una bofetada o un txalo a un menor es, desde el pasado mes, un delito. Lejos queda la teoría del aprendizaje de Paulov que se basaba en la recompensa si el comportamiento era bueno y en el castigo en caso contrario. Los padres deben tener recursos para dejar aparcado el cachete y abrirse hacia el mundo de la conversación y la reflexión.
En la sociedad en la que vivimos, existen diferentes métodos educativos plasmados en programas de televisión y libros. Cualquiera es bueno si funciona. Pero la teoría es una cosa y la práctica otra muy diferente.
EL CAMINO DE LA EDUCACIÓN
La elección de Rafael e Isabel
Las ocho de la mañana. El paso de los Reyes Magos por la casa de Helena y Maitane Carretón aún está latente. Una moto, una Barbie patinadora... Los primeros bostezos salen de la habitación situada al fondo del pasillo y las primeras sonrisas también. Es el primer día de ikastola después de las vacaciones de Navidad y cuesta despegarse de las sábanas, pero lo hacen con humor. Helena tiene ocho años, seis más que Maitane. Se levanta la primera y va corriendo hasta la cocina para beber el Cola-Cao y ver Shin Chan. Mientras, en la habitación del fondo comienzan las primeras complicaciones del día: "Venga Maitane, hay que vestirse, que tienes que ir a clase", explica Isabel a su hija pequeña mientras intenta meter el brazo de la niña por la chaqueta. Tiene el tiempo justo para prepararlo todo y llevarlas a la ikastola.
El desayuno es otro de esos momentos críticos del día, sobre todo para Maitane, de dos años, que le da por decir que no a todo, incluyendo la papilla. Mientras la entretienen haciendo dibujos en una pizarra mágica, va tragando cucharada a cucharada. Pero la cabezonería de la pequeña va más allá de las advertencias de "que se enfada amatxu" de su madre y consigue dejar el plato prácticamente entero. Con el estómago lleno y las botas puestas debido a la lluvia, comienzan el camino hacia la ikastola. Cada una por separado, la mayor con aita y la pequeña con ama.
Hacia las nueve y media todo está mucho más tranquilo en la casa, por lo menos en lo que al ruido se refiere. "Las niñas hoy tienen un día estupendo", comenta Rafael, aita de las criaturas. "De momento no nos han hecho chillar", bromea. Desde que nació Helena, tanto Rafael como Isabel no han tenido otra preocupación en sus mentes: criar a sus hijas y hacerlo lo mejor posible. "Cuando tienes un hijo lo primero en lo que piensas es en qué vas a hacer para sacarlo adelante", reconoce Isabel. "Da mucho miedo saber que la vida de un niño está en tus manos, que dependiendo de cómo le eduques será de una manera o de otra. Y es que tu le estás enseñando unos valores, para su futuro, para su vida. Y según van creciendo, aprenden más cosas en el cole, con los amigos, o de la propia vida. Pero la base de su educación está en casa. Uno siempre piensa que se está equivocando. Siempre. Aunque lo hagas lo mejor posible", confiesa.
Llega la hora de la comida y solamente Helena regresa a casa, Maitane se queda en el comedor. Ante la sorprendida mirada de sus padres debido a la calma, devora su segundo plato de espagueti. "Me encantan", dice. Sin embargo, demuestra la fierecilla que lleva dentro cuando Rafael le propone que ayude a recoger la mesa. A lo que accede tras la petición "por favor" de su ama. "Intentamos hablar mucho con ellas, sobre todo con Helena, que razona más. Aunque los dos estamos de acuerdo en educarlas con castigos, siempre que sea necesario claro. Explicándoles las razones y manteniéndolos firmes. Por mucho que nos duela", detalla Isabel. "Helena me grita y me contesta mal. Yo le pido por favor que no lo haga y le explico las razones, pero hay que repetírselo muchas veces para que me haga caso", explica. "Al final cuando no puedo más con ella recurro al cachete en el culo y entonces obedece", añade. Aunque aseguran que dar un cachete no es algo que les guste mucho, afirman que "en ocasiones" es la única manera de mostrarle a Maitane que lo que está haciendo está mal. "Con dos años no creo que sepa lo que es electrocutarse", comenta Rafael.
La hora de los deberes es la peor del día. Helena está acostumbrada a las vacaciones y no le apetece hacerlos. Tras negociar con ella que cuando los termine jugarán a la oca, accede. "Yo quiero que mis hijas sean como son y que sean muy felices. Estoy muy orgullosa de lo educadas que son con los demás", se sincera Isabel.
Son las nueve y media de la noche y tanto Helena como Maitane han cenado ya. Se lavan los dientes y van a la cama, en la que hay más muñecos que niñas. Se despiden con un beso y un "hasta mañana" y van a recargar las pilas para el día siguiente. Una vez dormidas, vuelve la tranquilidad al hogar. Al menos durante unas horas.
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