
Ya casi nadie quiere dirigir un colegio. El personal intenta escapar de esta responsabilidad por el desgaste que supone, por lo que los sindicatos piden incentivos no sólo económicos.
NO es la primera vez que Finlandia aparece como ejemplo en materia educativa, tanto por los buenos resultados que obtienen los alumnos en este país, como por sus avanzadas medidas para la conciliación de la vida laboral y familiar, o por el largo camino que lleva recorrido ya en lo que es una materia pendiente de muchos gobiernos, la de la violencia escolar.
En ello tiene mucho que ver la admiración que suscita la profesión de maestro, una de las más prestigiosas, y probablemente la culpable de que todo vaya sobre ruedas en ese país, por lo menos en lo que a la educación se refiere. Basta comentar la dificultad que entraña el mero hecho de acceder a la carrera de Magisterio. Tan sólo el 15% de los demandantes logra pasar la criba ya que se pide una nota media de nueve. No menos valoradas están las personas que se colocan al frente de la dirección de los centros, un cargo con mucha responsabilidad pero suficientemente reconocido tanto social como económicamente. Precisamente, es en este punto en el que difiere de forma sustancial del sistema educativo vasco. Desde hace tiempo, los colegios encuentran serias dificultades para dar con quien quiera hacer frente a esta responsabilidad.
El Departamento de Educación, en el acuerdo que ha firmado con CC.OO., contempla nuevos pluses salariales para la figura del director, que cobrará 950 euros más al año por ejercer esta función que trae de cabeza a muchos. Sin embargo, los sindicatos de la enseñanza coinciden en que el incentivo económico no es suficiente para lograr una mayor implicación del personal docente en las funciones de dirección. El desgaste entre el colectivo es más que considerable si se tiene en cuenta la escasa capacidad de maniobra que tienen a la hora de resolver los problemas que van surgiendo en el centro, desde la avería de un lavavajillas, hasta un caso de agresión. "Ellos son los que recogen todas las quejas, pero luego Educación no les da autonomía para tratar de resolverlas", asegura Belén Arrondo, de STEE-EILAS.
Quizá otros beneficios, como la reducción del horario lectivo o el refuerzo profesional, contribuirían a aliviar la carga que tiene que soportar el máximo responsable de un centro, en lugar de una propina, aunque ésta también sea necesaria.
De la misma opinión es ELA, que critica a Educación por tratar de motivar al personal exclusivamente por la vía salarial. En este sentido aboga por que el área que dirige Tontxu Campos aborde otro debate como es la posibilidad de conceder a los directores periodos sabáticos una vez que dejan de desempeñar esta función. "Creemos oportuno que se consoliden los complementos después de ese tiempo", dice su portavoz, Xabier Expósito.
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